Sindaguas, oro y tumbaga – Periódico Página100 – Noticias de popayán y el Cauca

Sindaguas, oro y tumbaga

Por: MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

En los meses de septiembre y diciembre, que corresponden a la temporada de lluvia, en el valle del Patía la temperatura es fresca. De la cordillera nariñense-ecuatoriana bajaban los indígenas sindaguas a pescar y a mazamorrear en busca de oro y tumbaga (que es una aleación natural de este metal con níquel, plata y cobre, llamado por los ibéricos como oro de baja ley).

Cuando los españoles que venían del Perú se encontraron a los primeros sindaguas, los persiguieron para quitarles sus brazaletes, narigueras, orejeras, gargantillas, armas y herramientas de oro y tumbaga.

Los indígenas de esta etnia habitaban un amplio territorio comprendido (hoy) desde El Bordo, el Santuario de Las Lajas, la zona donde está el puente de Rumichaca, lo que hoy es la provincia del Carchi (Ecuador) y la rivera del río Guáitara, hasta la isla del Gallo, frente al océano Pacífico. Sin embargo, acosados por los españoles, tuvieron que esconderse en el valle del Patía, donde soportaron una guerra de guerrillas que duró más de cien años. Allí los españoles casi siempre eran vencidos por un clima insoportable y enfermizo para ellos. En algún momento, los sindaguas atacaron e incendiaron varios asentamientos hispanos en el hoy departamento de Nariño (Madrigal de las Torres Blancas, San Francisco de Sotomayor, Reales de Minas, El Peñol y El Ingenio), pero la respuesta española fue violenta y contundente.

En el año de 1634 (siglo XVII), los acorralaron en algún caserío que denominaron El Castigo y, en venganza, los conquistadores prácticamente exterminaron a estos aguerridos indígenas, con el argumento de que eran caníbales y cortaban las cabezas de sus compatriotas europeos para conservarlas, hacer brujería u ofrendárselas a sus caciques. Ciertos cronistas hablan de una masacre de seis mil nativos de la peor manera que puedan imaginarse. Los pocos que quedaron desaparecieron en las montañas de la cordillera Occidental. Algunos sobrevivientes fueron esclavizados, aculturados y cristianizados.

Los sindaguas no tenían escritores, por lo tanto, lo que se conoce de ellos lo reseñaron sus enemigos: de allí la importancia de los poetas y cantores de un pueblo. No obstante, lo que sí podemos saber es que muchas personas del sur del Cauca, como habitantes del Bordo y Mercaderes, tienen sus orígenes en ellos.

Según la etnografía, estos indígenas son ahora la misma cultura awá (palabra que significa “gente”), sus integrantes viven en la frontera colombo-ecuatoriana, pertenecen a la cultura chibcha y antes tenían fuertes relaciones sociales y comerciales con los mayas.

Hoy los awá se autodefinen como “guardianes del conocimiento” y “gente de la montaña”, cuyos chamanes pueden leer el pensamiento, viajar con el espíritu y, antaño, todos podían transformarse en el animal que quisieran. Siendo cristianos creen que Dios y el diablo nacieron de una matica: el primero creó la tierra y el segundo las peñas. Para ellos, además, existen cuatro mundos: el cuarto, donde vive el Creador; el tercero, la casa de los muertos; el segundo, donde vive el hombre awá; y el primero, donde vive la gente pequeña que come humo.

www.valenciacalle.com

SOURCE : PAGINA 100

BY: MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

ILLUSTRATION : MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

PAGINA 100 POPAYAN COLOMBIA

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