¿Qué relación hay entre Luna y lunar? ¿Y entre cemento y cementerio? – Periódico Página100 – Noticias de popayán y el Cauca

¿Qué relación hay entre Luna y lunar? ¿Y entre cemento y cementerio?

El autor continúa con sus exploraciones sobre el lenguaje y el origen de palabras curiosas.

Una noche de verano, mirando por la ventana de mi dormitorio hacia la bahía del mar Caribe, me hice esta reflexión: el diccionario de la lengua española dice que lunar es todo aquello que pertenece a la luna o que tenga relación con ella. Por ejemplo: fase lunar, suelo lunar, ciclo lunar, rayo lunar.

También dice que lunar es una pequeña mancha en el rostro o en alguna otra parte del cuerpo. Adicionalmente, trae varias definiciones más, muy variadas, pero esas dos son las que me interesan para el caso que ahora nos ocupa.

Porque desde aquella noche se me metió el reconcomio en la cabeza. Sentía una cantaleta en las orejas, una voz que me perseguía haciéndome estas preguntas: ¿qué diablos tiene que ver la Luna con una mancha en la piel? ¿Qué tienen en común una cosa y la otra? ¿Es que a la Luna también le salen lunares, o qué?

Agobiado ya con mis propias angustias, empecé por trasladarles esas mismas preguntas a varios amigos. Se reían en mi propia cara. Me dijeron que dejara la vagancia, que buscara oficio, que hiciera algo útil.

–Tú sí eres bobo– fue la respuesta más repetida que oí. Es obvio que el lunar se llama así porque es redondo, como la Luna.

Yo no quedé muy convencido con aquella explicación porque me parecía demasiado obvia y simplona. Ni volví a quedar tranquilo hasta que me puse a desentrañar ese enigma y a buscarle una explicación al misterio.

Después de la creación de los cementerios tuvo que pasar más de un milenio para que el hombre descubriera el cemento

Entre las investigaciones más abundantes y elementales que pude encontrar estaba precisamente esa: que, efectivamente, según ellos, a las manchas en la piel les dicen ‘lunares’ porque tienen la misma redondez de la Luna. Pero, avanzando más en el tema, penetrando a mayores profundidades y consultando a científicos genuinos, encontré la verdadera respuesta. Y ella lo que hizo fue aumentar más todavía mi perplejidad, porque el asunto no es tan sencillo como parecía al comienzo. Vayamos al grano, que ya esto se está poniendo largo.El pigmento y la locura

Las enciclopedias médicas más famosas y respetadas dicen que, en realidad, el nombre de los lunares no procede de su forma redondeada, similar a la Luna, sino de unas razones más científicas.

Resulta que, según lo dejaron establecido los primeros investigadores griegos, cuando todavía faltaban unos quinientos años para el comienzo de nuestra era cristiana, se pudo determinar que los lunares le nacen a la gente porque son producidos por una acumulación de pigmento en la piel.

Algunos de esos sabios sostuvieron entonces la teoría de que dicho pigmento se forma en la piel por la época en que transcurre la fase de luna llena. Y fue por eso mismo que, desde entonces, a esas manchas redondas las llamaron ‘lunares’. De manera, pues, que lo de la forma redondeada similar a la Luna fue una coincidencia y no un origen ni un motivo.

Es la misma razón, si uno lo piensa bien, por la cual los primeros médicos que aparecieron en la historia empezaron a decirle ‘lunático’ al ser humano que tiene cambios bruscos de carácter o de comportamiento, sin mayores explicaciones ni motivos aparentes.

Pues bien: esa palabra nos viene de los médicos del Imperio romano, que heredaron la ciencia y la sabiduría de sus antecesores griegos. Fueron ellos los que descubrieron que los delitos y otras conductas demenciales, como asesinatos y suicidios, ocurren durante las noches de luna llena.

Y a esos enfermos mentales, en consecuencia, los llamaron lunaticus en el lenguaje latino. Así se les conoce todavía hoy: lunáticos.Cemento de cementerio

El caso de la relación entre cemento y cementerio es todavía más asombroso y rotundo que el de la Luna y el lunar. Por una razón demoledora, categórica y pasmosa: porque el uno no tiene nada que ver con el otro. Así como lo están viendo. No son ni parientes lejanos.

Lo que pasa es que a los seres humanos nos encanta sacar conclusiones obvias, fáciles, por nuestra propia cuenta, sin tener que averiguar mucho y sin tener que rompernos la mollera cada vez que oímos una palabra, siguiéndonos simplemente por su apariencia y tratando de adivinar su origen.

Por eso, en la lengua española todo el mundo supone rapidito, al rompe, apenas uno oye mencionar la palabra ‘cementerio’, que ese vocablo se deriva, naturalmente, ni más faltaba, apenas lógico, de la gran cantidad de cemento que se utiliza en la construcción de las tumbas.

No están ni tibios.

Miren ustedes cómo es de sorprendente este episodio. La propia y genuina historia de ambas palabras demuestra que no tienen parentesco por ningún lado. No son ni primas lejanas.El dormitorio

Todo comienza con la humanidad antigua. Fueron los egipcios quienes inventaron los cementerios como un lugar destinado a la sepultura de sus muertos, pero fueron los griegos –como tantas otras veces en la historia– los que le pusieron su nombre: la palabra koimetérion significaba el lugar para dormir. El dormitorio, simplemente.

Por eso mismo, porque era el lugar destinado a dormir para siempre, nuestros antepasados comenzaron a usar expresiones como ‘que en paz descanse’, ‘descanso eterno’ y otras similares que todavía se siguen utilizando.

Fueron los griegos los que descubrieron que los delitos y otras conductas demenciales ocurren durante las noches de luna llena

Luego, en los países católicos, empezó a emplearse el sinónimo ‘camposanto’ para referirse a un cementerio. Esa costumbre se originó en un hecho histórico.

Resulta que, avanzado ya el siglo XII de la era cristiana, el arzobispo italiano Ubaldo de Lafranchi viajó a Jerusalén con los cruzados y allí recogió tierra de los lugares que había pisado Jesús poco antes de ser crucificado.

Al regresar a Italia, monseñor Lafranchi hizo esparcir esa tierra en un solar campestre de la ciudad de Pisa, donde él tenía su sede. Ese lugar fue el nuevo cementerio y, por el origen de aquellos arenales, la gente empezó a llamarlo ‘camposanto’.

Transcurrieron largos años de guerras, invasiones, penalidades, unos imperios que subían y otros que bajaban. Hacia el año de 1280, cuando ya estábamos bien entrados en la era cristiana, comenzó a aparecer en documentos históricos de lengua castellana la palabra ‘cementerio’. De eso hace unos 740 años, nada menos.

Después de la creación de los cementerios tuvo que pasar más de un milenio, vea usted, para que el hombre descubriera la existencia de un material verdaderamente revolucionario y que habría de transformar el futuro del mundo. Era el cemento.

Su hallazgo tuvo lugar en Inglaterra, hacia el año de 1824, hace apenas doscientos años. “Apenas”, digo yo, acá, de metido. La verdad histórica es que desde la antigüedad los arquitectos romanos mezclaban la arcilla con la arena y el yeso para sus construcciones y, sobre todo, para pegar los muros. Pero el drama que vivieron durante esos siglos fue terrible, por cuanto aquella mezcla no se endurecía. A causa de ello, muchos monumentos se derrumbaron y murió mucha gente aplastada por techos y paredes.Por fin

Fue así, entre rastrojos y matojos, como llegamos, repito, al año de 1824. La fenomenal revolución humana que transformaría el mundo comenzó el día en que dos ingenieros ingleses, Joseph Aspdin y James Parker, patentaron legalmente el descubrimiento que acababan de hacer: a la arcilla, la arena y el yeso les agregaron una mezcla de cal y polvo de piedra que se endureció sin volverse a ablandar.

Habían descubierto el cemento como material de construcción. La noticia se regó como agua por todos los confines del planeta. Empezó el gigantesco crecimiento de las grandes ciudades, los edificios monumentales, las calles modernas, los parques, las avenidas. Desde ese momento el mundo no volvería a ser el mismo.

La palabra ‘cemento’, a propósito, tiene su origen en el vocablo latino caementum, que significa, precisamente, piedra tosca y sin labrar. Nada que ver con el cementerio.

Sabiendo que los números no mienten, y que son tercos e invariables, hagamos cuentas y ya verán ustedes. Como se dijo hace un momento en el transcurso de esta crónica, la palabra ‘cementerio’, para referirse al lugar donde entierran a los muertos, es anterior al nacimiento de Cristo, es decir que tiene más de veinte siglos. En cambio, tal como lo acabamos de ver en los últimos párrafos, la palabra ‘cemento’ solo aparece en el lenguaje humano en 1824, es decir, hace apenas doscientos años.Padre e hijo

¿Se dan cuenta? No hay relación ninguna entre las dos cosas. Porque, de lo contrario, respóndame usted esta pregunta: si cementerio, que es el derivado, viene de cemento, que es el término original, entonces, ¿cómo se explica uno que el hijo sea dos mil años mayor que el padre? ¿Ah?

Ustedes mismos pueden comprobarlo: la historia de las palabras es tan asombrosa, fascinante e insólita como la historia del hombre. A mí me encanta navegar en estos temas, pescar en ellos, o, como decía mi madre, ponerme a buscar lo que no se me ha perdido.

No más ayer, cuando tuve un ratico de descanso mientras escribía estas líneas, me puse a hojear el periódico. ¿O será más bien ojear? ¿Será sin hache, porque es el acto de echarle ojo a los contenidos? ¿O será con hache, porque se refiere es al hecho de ir pasando las páginas? ¿Ven que la liebre salta donde uno menos la espera?

Lo cierto es que las noticias del diario decían que en los Estados Unidos ya están preparando la ceremonia anual en que Hollywood concede los trofeos de cine más famosos y apetecidos del mundo entero. Me refiero, naturalmente, al Premio Óscar.

Fue entonces cuando me hice esta pregunta: ¿por qué se llama Óscar un trofeo de cine? ¿Por qué le pusieron un nombre de persona? ¿Quién era ese Óscar? ¿Y por qué la célebre estatuilla no se llama Luis, Pedro o José?

Les prometo que voy a ponerme a buscar con cuidado la explicación de ese misterio de película. O, como dice el viejo proverbio castellano, averígüelo Vargas. ¿Y quién sería ese Vargas? ¿Y por qué le tocaba a él averiguarlo todo? Otra pata que le nace al cojo…

SOURCE : www.eltiempo.com

BY: JUAN GOSSAIN

ILLUSTRATION : Luna llena ante Cristo Rey Foto: Santiago Saldarriaga

PAGINA 100 POPAYAN COLOMBIA

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