OPINION... Narración de como lo estrujaron y casi lo… – Periódico Página100 – Noticias de popayán y el Cauca

OPINION… Narración de como lo estrujaron y casi lo…

Por Carlos Mata Puga

Para B.

Comenzaré señalando que el es un usuario habitual del metro y que se preciaba de conocer todos los trucos y mañas de su funcionamiento, incluso en las horas pico, por lo que confiado se encaminó a abordarlo a eso de las 19 horas en la terminal Taxqueña. Como un experto, en la subida dejó incluso que la multitud se peleara por los asientos y la discusión de un robusto joven con uno flaquito y las miradas retadoras que ambos intercambiaban (dama de por medio, por supuesto) lo distrajo por unos instantes.

Se acomodó hasta el final del ultimo vagón junto a la Puerta para no ser deplazado y poder bajar en la estación Hidalgo. Solo un gordito un poco mas bajito que el con su mochila a la espalda se puso delante.  Paulatinamente el tren se fue llenando y ya saben, cuando pareciera que no cabe ni un alma,siempre existen muchos osados que entran porque entran y en la estación del Zócalo subieron mas de diez. La presión de esos cuerpos sobre sus costillas, hicieron que pasara su brazo junto con la bolsa de una compra que había hecho para así protegerse un poco y casi sin respirar se acomodó, al fin y al cabo solo le faltaban tres estaciones para descender. Y he aquí lo espeluznante. El gordito mochilozo se volteó hacia el y quedaron frente a frente, casi cara a cara y en la siguiente estación se apretujó cada vez mas. El entendía de las circunstancias y miraba como los cuerpos de los demás casi se fundían en una masa amorfa, no solo de frente sino de espalda en posiciones realmente incómodas y nadie parecía ofenderse. Pero de repente y con inquietud notó un roce sobre sus partes nobles, no era una mano, era un dedo, y luego dos, jugueteando con su pene. Trató de reacomodarse y el gordito lo miró de manera inexpresiva. A la siguiente estación todavía un temerario usuario se introdujo empujandolos aún mas. De la intranquilidad pasó al terror, los rejuegos seguían, “ya solo falta una”, se dijo, y el sudor recorrió su cara y cuello, pero al llegar a su destino, ningún jijo de su repelona se movió. El terror impulsó a su flacucho cuerpo a intentar pasar por alguna rendija entre esas humanidades; el chingao gordito ni se inmutó, dos intentos y nada. Al tercero, su voz casi en grito exigió “Bájate para que pueda yo bajar” solo así dos usuarios se medio movieron al fin pudo rotar y descender. El mañoso gordito no movió ni un gramo de su obesa humanidad. Ya abajo no volteó la mirada, sentía verguenza, indignación, encabronamiento. Solo atinó a acariciar de forma compadecida sus genitales, los acomodó y se sintió…violado. Y aunque estaban bien y sin daño, un dolor en su columna baja lo molestó. Seguramente el esfuerzo y la rotación le habían provocado una distension que duró algunas horas. La rabia lo inundó. El pensaba que era un experto usuario y no se pudo proteger. Al bajar las escaleras se acordó de lo acontecido y solo pudo vociferar: PINCHES PUTOS.

“Carlos Mata Puga, gerente herziano, sanador y amante de… vivir.”

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BY: Carlos Mata Puga

ILLUSTRATION: Carlos Mata Puga

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