«No es cierto que los problemas de pareja se puedan resolver en la cama» – Periódico Página100 – Noticias de popayán y el Cauca

«No es cierto que los problemas de pareja se puedan resolver en la cama»

María Ibáñez y Jesús Jiménez, expertos en psicología, abordan las motivaciones equivocadas que pueden producir concepciones erróneas sobre la pareja y el sexo.

Más que hablar sobre lo que «está bien o lo que está mal» cuando se hace referencia a las relaciones sexuales, lo que proponen María Ibáñez y Jesús Jiménez es incidir sobre «lo que perjudica y lo que beneficia», pues el sexo va, según explican, indisolublemente unido a las emociones.

Este matrimonio de investigadores, pensadores, expertos en psicología y escritores defienden que las relaciones de pareja han de basarse en el afecto, la complicidad y la comunicación y no tanto en la búsqueda o consecución del placer o el deseo sexual.

Autores de libros como «Aprende a resolver lo que te hace sufrir», «Caminando por el techo del mundo» o «Una isla en las montañas», entre otros, Jesús Jiménez y María Ibáñez han dedicado su carrera a investigar la mente humana y a desentrañar la psique y el comportamiento para ofrecer una vía de solución a los conflictos personales y sociales basada en la comprensión de los problemas y el desarrollo personal.

Aseguran que este gran reto que nos ha tocado vivir llamado «pandemia» (con el confinamiento, desescalada, conflictos económicos y sanitarios y actual incertidumbre) ha generado dos grandes corrientes en el ámbito de la pareja. Para unos ha supuesto un refuerzo de los vínculos que les ha llevado a colaborar juntos frente a la adversidad, mientras que para otros ha supuesto la «gota que ha colmado el vaso» o la experiencia que les ha llevado a iniciar un proceso de deterioro o incluso de ruptura.

Abordamos con ellos algunas de las creencias comunes (y otras que no lo son tanto) en torno a la sexualidad y a la pareja.

Al hablar de sexualidad es frecuente hacer referencia a la necesidad de ser activos y creativos «en la cama» para combatir la rutina o la monotonía, ¿qué implicaciones psicológicas tiene esta cuestión?

María Ibáñez: Cuando una pareja intenta aumentar la creatividad y el uso de juguetes sexuales porque hay monotonía en el sexo, es decir, aburrimiento en realidad lo que está haciendo es intentar activar la sexualidad para combatir los problemas que son los que realmente están produciendo esa monotonía. Es como si una persona que tiene ansiedad intentase actuar sobre la ansiedad pero no sobre la causa de esa ansiedad, o como si alguien que se sintiese mal hiciese compras compulsivas, pero no profundizase en las causas que le llevan a hacerlo. Cuando una persona tiene que buscar cómo activar el deseo sexual es en realidad porque existe un problema en la pareja. Pero lo que tiene que hacer no es activar el deseo sexual sino ir al origen del problema que le lleva a sentir esa monotonía.

Lo que ocurre con estas «técnicas» es que se refuerza el deseo pero se reprime la emoción. Y eso, a la larga, genera un conflicto en las relaciones de pareja.

Jesús Jiménez: Este error o esta supuesta necesidad de activar el deseo sexual procede del hecho de que hace unos años se empezó a difundir de forma masiva la idea de que los problemas de pareja se podrían resolver en la cama pero eso no es cierto.

Si una persona no quiere llevar a cabo prácticas sexuales alternativas, ¿podríamos decir que es un reprimido o que tiene algún tipo de trauma psicológico relacionado con la sexualidad?

Jesús Jiménez: No, yo diría que es más bien al revés. La sexualidad debe ir acompañada de sensibilidad, emoción, ternura y cariño. Cuando uno siente o percibe que una cierta práctica no le resulta cómoda o no le gusta es mejor que haga caso a su sensación y que no haga aquello que cree que no le va a beneficiar. No sólo no es un reprimido ni un retrógrado, sino que es probable que sea una persona más equilibrada.

¿Qué tipo de prácticas sexuales o juegos consentidos pueden fomentar emociones negativas sin que seamos conscientes de ello? ¿Cuáles son sus efectos?

María Ibáñez: La mayoría de las prácticas sexuales se pueden hacer con emociones buenas o con emociones negativas. No es tan importante la práctica como la intención con la que se hace. Pero es cierto que algunas prácticas no se pueden hacer con una «buena» emoción, como por ejemplo someter a otro. Las prácticas que llevan al sometimiento y a la sumisión generan conflicto, deterioro o desequilibrio en la pareja.

Una persona que somete a otra en la sexualidad o en cualquier parte está potenciando su complejo de inferioridad, que trata de resolver sometiendo a la otra persona. Y la persona que actúa sometiéndose también potencia su complejo de búsqueda de seguridad de una manera que le perjudica.

Y desde luego, si hay dolor, tampoco está aflorando una emoción positiva.

El sexo oral resulta gratificante para algunas personas, pero no es agradable para otras, ¿cómo se explica a la pareja que no nos gusta determinada práctica?

María Ibáñez: Una de las cuestiones sobre las que se habla a menudo es sobre lo maravilloso que es potenciar el deseo o la sexualidad. Pero esto nos puede llevar a un error de concepto, pues en ocasiones lo que esconde el hecho de que algunas personas digan que les gusta practicar a otras el sexo oral esconde en realidad que lo que les gusta es «agradar al otro» y no la práctica en sí.

Jesús Jiménez: Es un asunto delicado porque muchas personas afirman que les gusta mucho practicar a otras sexo oral pero en realidad si uno va más allá de la presión social (parece ser que eres un reprimido o un retrógrado si no te gusta) y analiza realmente si le gusta o no puede llegar a la conclusión de que no le resulta satisfactorio, sino que lo que hace tiene que ver con la necesidad de agradar a la otra persona..

¿Cómo pueden abordar entonces esta conversación sobre lo que sí y lo que no les gusta?

María Ibáñez: Al hablarlo uno tiene que darse cuenta del perjuicio que puede causar en la pareja realizar prácticas sexuales que alguno de ellos no desee. Si se fuerza a alguien a hacer algo que no quiere se producirá un distanciamiento y, a la larga, un desequilibrio emocional e incluso rencor.

Jesús Jiménez: Habría que abordar la conversación de la forma lo más sincera posible, analizando la situación para que cada uno pudiese ver lo que está pasando o por qué tiene la necesidad de que el otro haga algo que en realidad no quiere hacer. Uno puede investigar, aclarar y ahondar todo esto. Pero lo que de verdad es satisfactorio es cuando el sexo va unido a la comunicación psicológica y emocional.

¿Qué características definen a una relación sexual sana y satisfactoria?

María Ibáñez: Una relación sexual satisfactoria tiene lugar cuando el placer no es lo más importante sino que lo importante es la complicidad, la emoción, el afecto… la parte emocional.

Jesús Jiménez: Eso es. Por poner un ejemplo sería como si vas a un restaurante porque te han dicho que la comida es fantástica y vas con tu pareja. Si a esa comida a la que vas a tener una experiencia estupenda acudís enfadados, lógicamente no será lo mismo. No tiene mucho sentido. Aunque disfrutes, no disfrutas igual. En la pareja pasa lo mismo. Lo más importante es el afecto, el cariño y la comunicación. Y todo lo demás implica disfrutar juntos.

¿Puede ser el sexo un elemento «reconciliador» o «cohesionador» en las parejas?

Jesús Jiménez: Más bien es al revés. Si hay un distanciamiento en la pareja, el hecho de forzarse a tener relaciones será, en el mejor de los casos, una especie de evasión que no hará desaparecer el problema y, en el peor de los casos podría incluso empeorar las cosas. El sexo, por sí mismo, no arregla ningún problema. Cuando hay comunicación o cuando se trata de algo previo a restablecer los puentes de comunicación puede ser un acompañamiento, pero nunca una solución.

¿Pueden las mujeres perder interés por el sexo cuando la relación se estabiliza o cuando tienen hijos?

María Ibáñez: Sí. Suena algo ancestral pero en la Antigüedad el hombre era el cazador, el que traía la comida, y la mujer era la que cuidaba y la que «tenía» que ser atractiva para atraer. Esas ideas han cambiado, pero aún siguen estando presentes como algo atávico. Las mujeres tienen por tanto a intentar aumentar su capacidad de atracción para gustar mientras que ellos siguen vinculándose con la conquista, de modo que, de alguna manera, el hombre tiene la idea de que es «valioso» si conquista a la mujer, mientras que la mujer quiere sentirse deseada. Pero entonces, ¿Qué ocurre cuando la mujer tiene la vida sentimental resuelta? Que su deseo sexual cae mucho y eso puede llegar a generar un conflicto en la relación de pareja pues él empieza a sentirse menos valioso en términos de conquista. Lo que se puede hacer entonces es hablar, dialogar y darse cuenta de que mientras que la mujer se siente más segura emocionalmente y no necesita que la deseen, él se siente menos valorado y rechazado.

El que tiene más deseo sexual puede ejercer un exceso de presión y eso puede generar conflicto o rencor.

Jesús Jiménez: En la actualidad esos roles han cambiado y muchas veces es la mujer la que conquista y él el que se siente conquistado. Pero se sigue dando el mismo problema sean hombres o mujeres pues esos roles, aunque a veces se intercambien, pueden generar un problema de fondo en la relación.

Algunas personas tienen relaciones sexuales poco satisfactorias, pero no lo dicen por miedo al abandono o a que se deteriore la relación de pareja, ¿cómo sería aconsejable que abordasen esta situación?

Jesús Jiménez: Hay que poner el tema sobre la mesa y hablar sobre cómo se siente cada uno porque al abrirnos podremos darnos cuenta de otras cosas que no habíamos percibido. Por ejemplo, si la mujer se da cuenta de que el hombre busca además del placer, un cierto reconocimiento o valoración, en realidad ella podría mostrar afecto, valoración y reconocimiento de otras formas, no solo a través del sexo. O si, por ejemplo él no tiene ganas de sexo tal vez eso escondan detrás un cierto miedo a defraudar, por lo que pueden buscarse otras vías de encuentro.

María Ibáñez: Deben hablarlo pues las muestras de afecto tienen que existir en la pareja, pero eso no quiere decir que se hagan para dar paso al sexo.

¿Cuáles son los efectos del uso de mensajes como «el sexo adelgaza”¡» o «el sexo te deja la piel estupenda» o frases similares a nivel psicológico?

María Ibáñez: Esos mensajes lastiman la parte emocional. Imagina que una persona está teniendo relaciones con su pareja y ésta le dice que en realidad tiene sexo porque le deja la piel mejor. Es una utilización de unos sobre los otros y supone un deterioro de la parte psicológica de una relación. La sexualidad está vinculada a la parte emocional y uno tiene que saber cuidar esa parte, debe ser más sensible y no utilizar al otro ni dejarse utilizar. Por eso tiene que haber una comunión o una comunicación. Fomentar la utilización para conseguir un resultado vuelve a las personas egocéntricas.

Jesús Jiménez: No es que la publicación de esos mensajes provoquen un perjuicio directamente pero puede fomentar esa idea en las personas que no se den cuenta de que eso les va a perjudicar emocionalmente. Si no hay comunicación o reciprocidad eso generará conflictos. Tener sexo porque adelgaza tiene el mismo sentido que tener hijos porque al cogerlos en brazos fortaleces los bíceps. No tiene sentido y es algo más profundo.

PAGINA 100 POPAYAN COLOMBIA

Prensa para leer y pensar

Foto: J, P. Salinas/Cedida

Por: Raquel Alcolea

Fuente: https://www.abc.es/

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