MOSH VIRTUAL – Periódico Página100 – Noticias de popayán y el Cauca

MOSH VIRTUAL

Por: Marlon Myke Chamorro Malte

¿Dónde quedó el sin fin de mareas furiosas, representadas con un movimiento de cabeza? ¿Dónde quedó lo que parecía un galope de caballos furiosos dando vueltas en círculos?

Marlon Myke Chamorro Malte

El Mosh también se ha acomodado a la situación, y disfrutar de un concierto en casa es muy sencillo. (No voy a negar que parece publicidad).

Me preparo para disfrutar de un concierto en vivo, vivamente frente a una pantalla, no me sé las canciones que van a tocar, no sé cuanto vale la entrada (a la página web), tengo una cerveza lista y mis ropas negras, el cabello suelto, ¡ah!, y también he apagado las luces…

Se ve al vocalista principal entrar y probar el micrófono con gritos en gutural, se afinan las guitarras y los parches se ajustan. Redoblan los tambores, la guitarra relincha, el bajo cojea, la silla vieja en la que me siento chirrea. Una silencio leve, y el vocalista dice algo como de Cristo y del Diablo, de la naturaleza, de la impiedad, y de esclavos, algo como de seres extraños, de sueños macabros, y violencia innata.

Luego de aquella pausa, la música retumba, y escucho palabras con las que armo una prosa barata. De a pocos voy pillando el ritmo, la baqueta transmuta el movimiento a mi cabeza, el canto me estimula a repetir las palabras, la guitarra sucumbe en mis tímpanos y no escucho el bajo.

El volumen de mis parlantes a tope, la oscuridad de mi cuarto, y la cerveza en mis adentros comienzan a revivir un galope, y mi cabeza sacude mis cabellos largos y canto algo que no entiendo, casi me levanto de mi silla, pero recuerdo, que no estoy sino en línea, no estoy frente a esos músicos que le tocan a la cámara, ni junto al sonido directo, o a los trotes de los staff por todos lados.

Detrás de mí no hay empujones, o una multitud saltando para ver la tarima. Estoy lejos de los cuerpos sudorosos, de las riñas ajenas e inconclusas, no huele a vómito ni a borracho, nadie duerme sobre las mesas, y la gente no habla de la destreza musical, o del frío tan hijueputa que está haciendo afuera… Mi cuerpo deja de estremecerse. En un intento por recobrar la calma, miro una ventana que deja leer: Chat. La abro, palabras y frases poco sintácticas resaltan, los dedos golpean el teclado, parecen animar a la banda y un tornado de mensajes impetuosos rearmar la música y mi sentimiento de ira. Pseudónimos inapeables invaden los comentarios, con fuerza piden otro tema, pero los músicos no escuchan ni siquiera el odio de aquellos a que no les gusta, o que piden cambiar a la banda principal. Se revelan los insultos como golpes en un mosh (ya que no hacen daño). El chat se satura se corre tan rápido que no se leen los mensajes, como no se leen las caras en los pogos.

La última canción termina, mi madre abre la puerta de mi habitación y me regaña, no por el ruido de la música, sino por el de mis dedos al teclear.

Fuente/ Source: PAGINA 100

Por/ By: Marlon Myke Chamorro Malte

Foto/ Photo: Marlon Myke Chamorro Malte

PAGINA 100 POPAYAN COLOMBIA

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