LA REVOLUCION MEXICANA, 110 AÑOS – Periódico Página100 – Noticias de popayán y el Cauca

LA REVOLUCION MEXICANA, 110 AÑOS

Al cumplirse hoy el 110 aniversario del estallido de la Revolución Mexicana, una pregunta ronda el ambiente historiográfico de ese país y de toda América. ¿ Qué quedó de ese proceso socio-político ?

La pregunta podría hacernos intuir que la Revolución dejó de existir históricamente y que no queda sino hacer el balance de su legado en los distintos órdenes de la vida mexicana.

Veremos hasta qué punto ese enunciado es o no cierto.

La Revolución Mexicana fue expresión de una necesidad política: la de renovación del ejecutivo nacional sometido al duro personalismo de Porfirio Díaz, un general de estirpe liberal que finalmente se había vuelto terriblemente conservador y represivo “eternizándose” en el mando y convirtiéndose en un tirano que, sin embargo y en aparente paradoja, no incurrió, como en Centro y Sudamérica, en las profundas cavernas del oscurantismo reaccionario, sino que permitió una relativa modernización industrial, sumamente dependiente del capital extranjero, con un latifundismo oligárquico y una minería intensiva igualmente concentrada en pocas manos, casi todas foráneas.

Fue igualmente el hombre que tuvo la visión de conectar los puntos estratégicos del país en función exportadora extendiendo la red ferroviaria más poderosa de América Latina entonces y dio pie a las primeras manifestaciones del control selectivo de la intelectualidad, creando el ambiente para el positivismo europeo, que dejó una relativa herencia de creaciones impactantes, dando la impresión de cierta libertad de expresión entre los pesados muros del militarismo dictatorial.

Madero, Carranza y otros grandes líderes de la época temprana de la Revolución surgen de ese entorno buscando menos cambiar estructuralmente la economía mexicana, que obligando a la rotación de las élites políticas, que evolucionaron de manera radical del liberalismo decimonónico al nacionalismo revolucionario.

Ideólogos de la talla de Luis Cabrera, Francisco Múgica o José Vasconcelos, van emergiendo desde la difusa conciencia entre liberalismo y conservatismo, hacia una precisión conceptual que se volverá constitucional(1917) de los rumbos que el Estado Nacional Revolucionario debe perfilar.

La soberanía nacional política y económica, la reforma agraria, la educación abierta y socializante, el papel de una cultura laica y moderna para la formación de unas masas capacitadas para el desarrollo del país, el compromiso con la justicia laboral, las organizaciones sindicales combativas pero adscritas verticalmente al Estado(corporativismo) y una política exterior latinoamericanista y respetuosa de la autodeterminación de los pueblos que después se plasmará en la Doctrina Estrada(1930) serán los rasgos fundamentales de ese perfil.

Todo ello precisando una intención que se desenvolvió a lo largo del siglo 20: el papel decisivo del Estado en la conformación de una economía moderna, con un mercado dinámico, en donde se incluyeran de manera poli-clasista todas las comunidades de la sociedad mexicana bajo una ideología avanzada que, sin embargo, no solo no sería marxista, sino francamente anti-marxista.

El Nacionalismo Revolucionario era un conjuro para evitar el comunismo en México. Por eso muchas veces, el discurso oficial del PRI, partido que surge de la entraña institucional de la Revolución, era de que no se necesitaba aceptar una ” importada” revolución armada comunista pues México ya había hecho su revolución que ahora construía, en “paz”, un desarrollo capitalista pero “con rostro humano”.

Esa fue otra característica esencial de la Revolución Mexicana: su populismo. Adaptable a los gobiernos de turno, cada personalidad presidencial recurría a conquistar las masas bajo las exigencias de su momento histórico y político. La sagacidad del régimen consistió en crear un nuevo porfiriato pero sin personalismos, sino institucional, rotando cada seis años una especie de “mini-Porfirio” que luego daría paso a otro y así sucesivamente, siempre manteniendo a México en “clave capitalista” pero con el debido asistencialismo social que atenuaba las heridas propias de un mercado dependiente aunque encubierto en la retórica de los “revolucionarios del Ahora”.

En 2000 el PRI perdió su primera elección presidencial, y aunque volvió durante un decadente sexenio entre 2012-18, cabe pensar que la Revolución de 1910, ya no es más que “tiras de piel, cadáveres de cosas” dentro del acelerado flujo de la historia mexicana y mundial.

La pretensión de López Obrador, un ex-priista, de volver a encajar ese discurso y cierta acción neo-populista en el “estilo personal de gobernar”, es poco menos que un anacronismo explicable dentro de la circularidad de los procesos históricos.

Todo termina como comienza, pero si en aquellos noviembres el inicio fue épico, ahora el final es mediocre y episódico. Tartamudea la vieja revolución antes de partir definitivamente hacia las páginas de la Historia. ¿ Qué vendrá después ? El tiempo y sobre todo, el Pueblo de México, lo dirá.(C)CARLOS VICENTE TAPIA.2020.

Fuente/ Source: http://cvtapia.over-blog.com/

Por/ By: CARLOS VICENTE TAPIA MOSQUERA

Foto/ Photo: Painnt

PAGINA 100 POPAYAN COLOMBIA

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