El latido de letras – Periódico Página100 – Noticias de popayán y el Cauca

El latido de letras

Por Andrea Albarrán*

No sé muy bien cuál fue mi primer libro de literatura (así con ese nombre tan grande y reluciente), pero sé que mi mamá siempre me contaba historias extraordinarias, mágicas, fascinantes, divertidas e interesantes.

Andrea Albarrán

Los sonidos se iban disolviendo como azúcar: en ellas había niñas de tres o cuatro ojos, simpáticos monstruos de colores originales, platillos de sabores inigualables y mundos donde uno no tenía que preocuparse por el calor o por el frío. En la lengua, quedaba un gusto a dulce de fresa y gajitos de mandarina.

Los latidos también cambiaban, a veces tenían forma de canciones, elíxires de poesía y otras eran pausadas, acompañadas de ojos redondos de expectación, de un humo gigante que iba subiendo por las piernas.

Ningún peligro lograba arañarlos, porque mi mamá nos ofrecía sus manos y trepábamos las enredaderas de sus venas para ponernos a salvo.

Incluso cuando tuve noción de lo aromático y embriagante que olía el papel y el peso justo de la aventura entre las manos, el libro se convirtió en un objeto lejano, costoso para nosotros que nos comíamos las letras en un plato con caldito de jitomate.

Los libros de “literatura” tardaron en llegar a casa. Pero entonces yo hojeaba con dedos chispeantes la enciclopedia ilustrada (mi mamá compró todos los tomos emocionada y convencida de que había hecho la mejor inversión a meses sin intereses), y soñaba con ser inventora y tener un laboratorio con perfumados líquidos humeantes, de colores traslúcidos.

Objetos inverosímiles que hicieran ruidos metálicos y burbujas que se cristalizaran en el aire.

Mientras yo me convertía en alquimista o en bruja o en cantante de ópera, mi mamá seguía bordando letras a mi alrededor que me arropan hasta el día de hoy, ante el miedo, que a mí me da tanto frío.

Recuerdo a mi papá sentado en una silla minúscula, tratando de que yo tradujera esos signos negros de las hojas. A veces desesperado y fascinado de que por fin las fuera uniendo en sonidos diversos y vibrantes. Es parte de su herencia, eso de que me compartiera los secretos de las sílabas y sus posibilidades.

Las letras nos salvan, porque en la tinta corre la sangre de los que amamos. En mis letras corre mi sangre.

*Andrea es comunicóloga y tallerista

SOURCE : PAGINA 100

BY: Andrea Albarrán

ILLUSTRATION : Andrea Albarrán

PAGINA 100 POPAYAN COLOMBIA

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