De cuando el Dalái Lama visitó Colombia – Periódico Página100 – Noticias de popayán y el Cauca

De cuando el Dalái Lama visitó Colombia

Recordamos la primera visita del segundo líder religioso más importante del mundo a Colombia y el guía de los budistas, el Dalái Lama.

Por primera vez visita a Colombia el Dalái Lama. Es el segundo líder religioso más importante del mundo. Ejerce también como jefe del pueblo tibetano en el exilio. Es el XIV Dalái, como reencarnación de Buda, uno de los tres más grandes iluminados de la historia junto con Jesucristo y Mahoma. Perfil y sabiduría del otro papa, el de Oriente…

Su nombre de pila es Gewsftsul Ngawang, Lobsang, Tenzin Gyatso, Sinsunwangyal, TsunMapai,Dephal Sangpo, que traducido a nuestra lengua significa El Sagrado, Suave Gloria, Poderoso en la Palabra, Puro de Mente, Divinamente Sabio, Recipiente de la Fe y Ancho como el Océano, mejor conocido en Occidente como el Dalái Lama. Este líder espiritual y político —jefe del pueblo tibetano en el exilio—, Premio Nobel de Paz y reconocido como la XIV reencarnación del Buda de la compasión para más de 14 millones de tibetanos y mongoles, nos va a honrar a los colombianos con una corta visita. Vendrá a Colombia el próximo 10 de mayo atendiendo una invitación del Centro de Meditación Yamantaka que dirige Mauricio Roa en Bogotá, creado hace unos años con el propósito de preservar la tradición Mahayana –uno de los caminos de introspección que ofrece el budismo tibetano para llegar a la felicidad y la plenitud–. Desde allí se dan las últimas puntadas para recibir a Su Santidad, como respetuosamente llaman los budistas tibetanos al Dalái Lama recordándonos de paso a los crédulos y agnósticos que en este mundo tan desvencijado, sólo hay dos líderes espirituales vivos, indiscutibles: el Papa y el Dalái Lama.

Los primeros intentos para traer al Dalái a Colombia

A comienzos de 1994, Mauricio Roa, un budista de los mil que por entonces había en Colombia, decidió emprender un incierto viaje a California a visitar al lama Zopa, un lama tibetano, discípulo del lama Yeshe, recordado por haber establecido fuertes vínculos con Occidente. La idea de la entrevista no era otra que la de pedir su autorización para crear un centro de meditación Yamantaka. El lama Zopa accedió y el centro se creó en ese mismo año. Hoy existen 160 centros Yamantaka repartidos por todo el mundo, dedicados a preservar la meditación budista tibetana.

En el 2000, una comisión del Centro Yamantaka de Colombia decidió hacer un viaje a Dharamsala, ciudad de la India donde el Dalái Lama tiene instalado su Gobierno en el exilio desde que en 1959 fue expulsado del Tíbet por el Gobierno chino. Allí en Dharamsala la comisión colombiana en audiencia privada le formuló la invitación a Colombia. No dijo ni que sí ni que no, pero pronunció estas palabras en inglés, el idioma en que suele comunicarse: “Soon! Soon!” (“¡Pronto! ¡Pronto!”), mientras los despedía con una agradable sonrisa.

No era la primera invitación al Dalái Lama para que viniera a Colombia. Ya en 1998 se había hecho un intento que resultó infructuoso. El Dalái Lama había confirmado su visita al país pero a última hora fue cancelada de manera inexplicable (“Por razones de seguridad” me responden cuando pregunto las razones reales que motivaron esa decisión).

Lo cierto es que con esta experiencia aún fresca en la memoria, el optimismo con que se recibieron las palabras del Dalái en Dharamsala fue bastante moderado. Pero hace unos seis meses una llamada proveniente de la oficina internacional del Dalái Lama les devolvió las esperanzas. De nuevo existía la posibilidad de abrir un espacio de tres días, del 10 al 12 de mayo, para que el Dalái Lama visitara Colombia dentro de una gira por Chile, Argentina, Brasil y Perú. Las esperanzas se materializaron cuando a finales de febrero pasado el representante personal del Dalái Lama, el señor Tsewang Pountso, vino a Bogotá a oficializar la visita y la anunció con todo el protocolo que merece un líder espiritual del calibre del Dalái.

La agenda del Dalái

El Dalái Lama proviene del Tíbet, el país más inaccesible del mundo. Vive en el exilio desde hace treinta años y desde entonces no ha dejado de empuñar la No-Violencia como su mejor arma de lucha para llevar el mensaje de libertad del pueblo tibetano. “Creo en la determinación humana. A lo largo de la historia se ha comprobado que la voluntad humana es más poderosa que las armas”, ha dicho en varias ocasiones. Alguna vez comentó en el tono desapasionado e irónico que dicen que lo caracteriza, que agradecía enormemente a los chinos que hubieran invadido su país, ya que gracias a ello el Tíbet había salido de su tradicional aislamiento y el Dharma de la Enseñanza Budista se había extendido por Occidente.

Una frase cruda pero tremendamente cierta. Este Dalái Lama es el responsable de ese interés inusitado que se siente en Occidente por la meditación. En especial por la filosofía budista tibetana, la cual tiene adeptos no sólo entre los occidentales que se han convertido al budismo sino también entre empresarios, actores, actrices, mujeres y hombres públicos que han encontrado en la meditación la técnica para contrarrestar las cargas negativas que entraña el ejercicio del poder.

De ahí que con frecuencia el Dalái Lama sea definido como un líder espiritual bastante sui géneris. De él se ha dicho que es “un científico de la religión”, “un ejemplo vivo de cómo a veces el poder material no corrompe” —aparentemente tiene una gran fortuna personal pero nunca hace ostentaciones ya que vive como un simple monje tibetano—. Practica la tolerancia y la necesidad de diálogo entre religiones, convicción que lo ha llevado a estrechar lazos con los jerarcas de todas las iglesias. “Tanto el creyente como el no creyente son humanos. Debemos tenernos un gran respeto mutuo”, reza una de sus frases más ilustrativas.

Las charlas que dará en Colombia

El Dalái Lama tiene previstos cuatro encuentros con las comunidades, y a pesar de que por razones de seguridad la agenda siempre es bastante estricta en todas sus visitas, probablemente nos sorprenda rompiéndola como suele hacer en ocasiones. Así sucedió hace poco en Irlanda cuando terminó dando una charla en la que estaban los dos bandos en conflicto. En determinado momento salió a la calle y se encontró con una reja. Detrás de ella vio a una multitud que le pedía que la reconfortara con algunas palabras: “Yo sólo aspiro a poder dejar esta reja abierta”, les respondió.

También se tiene previsto un encuentro universitario en la Javeriana, la casa del saber de los jesuitas. El encuentro no es fortuito. El Dalái a pesar de ser un líder espiritual budista, siempre ha tenido las mejores relaciones con los representantes de la religión católica. “Lo importante no es que exista una religión sino varias”, es una de sus frases. El Dalái no ejerce su liderazgo espiritual tratando de convertir a la humanidad al budismo. Según me explican, a él no le interesa convertir a nadie. Su mensaje plantea la posibilidad de lo contrario: de que muchos católicos puedan, sin necesidad de abandonar su religión, practicar la meditación como un método para mejorar la calidad de vida y acercarse a su credo, a su fe. Por eso también está pensando en un encuentro con las comunidades afines a la filosofía de la meditación tibetana.

Ahí es donde vienen a cuento personas como yo, que sin haber hecho de la meditación una forma de vida, como la mayoría de quienes hacen parte de la fundación Yamantaka, tan sólo nos hemos asomado a esa filosofía oriental a través de la práctica –no constante, hay que decirlo– del yoga. No somos ni mucho menos doctos en esta filosofía, pero sí nos sentimos muy a gusto entre mandalas. Sin duda lo deseable es que los desplazados, las víctimas del conflicto y los victimarios tengan en algún momento la oportunidad de escuchar al Dalái Lama. Sus palabras provienen no sólo de un líder espiritual sino además de una víctima de un conflicto que aún mantiene sometido a su pueblo.

El tercer encuentro será con empresarios. Se preguntarán ustedes: ¿Y qué tienen que ver esos señores que piensan en pesos, con la meditación tibetana, tan alejada de los placeres mundanos del dinero? Pues en realidad la relación entre estos dos mundos tan aparentemente apartados es cada vez más estrecha. La meditación se está convirtiendo en una técnica utilizada en este azaroso y competitivo medio, en razón de que su práctica mejora el desempeño en el trabajo de los empresarios e impulsa su creatividad e innovación… o su redención.

Conozco a varios ex yuppies que luego de hacer montones de dinero en los años noventa vendiendo y comprando países a peso desde sus oficinas de Nueva York, hoy se han retirado del mundo material y han encontrado abrigo en la meditación budista. Actualmente los lazos insospechados del budismo están llegando a campos tan asombrosos como el de la neurociencia –la ciencia que estudia el cerebro–, la cual mira hoy con insólito interés las técnicas de meditación budista y aprende de ellos como los monjes de física cuántica.

En Colombia, uno de los primeros en explorar esas fronteras y aplicarlas a la empresa privada fue José Fernando Isaza. Él practica con juicio la meditación desde hace mucho tiempo y con muy buenos resultados, como se puede advertir con el excelente rendimiento que bajo su presidencia ha tenido la ensambladora de vehículos Mazda. Ahora que renuncia a su vida de empresario para entrar en la academia, lo deseable es que siga recurriendo a la meditación para innovar desde la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

El último día del Dálai Lama en Colombia

El último encuentro del Dalái está previsto con la comunidad en general y va a tener lugar en el Coliseo de los Deportes. Las ganancias de la boletería que se registran durante las visitas del Dalái a los países, siempre se dividen en tres partes. La mayor porción va a una fundación que busque mejorar la situación de iniquidad. Otra parte importante irá a ayudar a la Causa Tíbet en el mundo, lucha que este líder de la no-violencia nunca olvida. Y finalmente una partida minoritaria se dedica para el centro anfitrión que es el que sufraga los gastos del viaje del Dalái Lama. Que por lo demás, debido a la austeridad de vida que practica, resultan irrisorios.

Como premisa, el Dalái Lama sólo pide lo que sus anfitriones puedan ofrecerle. No va a hoteles de cinco estrellas, ni exige comidas especiales, ni pide cuartos con bañeras gigantes para poder descansar. Suele comer de todo y no es vegetariano, como de hecho no lo son los budistas. A lo sumo lo único que exige es que se le permita cumplir su rutina diaria, la misma que practica aquí y en Cafarnaum. El Dalái Lama se levanta todos los días a las cuatro y media de la mañana a rezar y meditar. A las cinco y treinta desayuna. Almuerza a las doce y media, y a las nueve, luego de una cena bastante ligera, se acuesta a dormir.

Sólo aspiramos a que con la visita del Dalái Lama, nuestro Presidente, siempre tan atareado, saque un tiempito para incluir en el credo uribista la necesidad urgente de meditar, meditar y meditar.

Fuente/ Source: revistadiners.com.co

Por/ By: MARÍA JIMENA DUZÁN

Foto/ Photo: VIPFLASH / Shutterstock.com

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