Crónica de una enfermedad anunciada – Periódico Página100 – Noticias de popayán y el Cauca

Crónica de una enfermedad anunciada

Por Karoll Daniela Rodríguez Tocoche, estudiante de grado décimo.

El 2020 visto desde la perspectiva de una estudiante de la institución educativa San Agustín de Popayán.

Todo empezó el 28 de enero de 2020, cuando emigré a la ciudad de Popayán con el objetivo de estudiar en uno de los mejores colegios de la ciudad. Después de papeleos, entrevistas y viajes logré ingresar y comenzar una nueva etapa en mi proyecto de vida. Durante dos meses y medio compartí una de las experiencias más maravillosas: nuevas compañeras de estudio, nuevos profesores, nuevos espacios, nuevas expectativas, nuevas oportunidades que poco a poco empezaron a cambiar mi vida, mi forma de concebirla y de vivirla. En medio de mucha disciplina con mi estudio, extrañando la compañía de mi madre, pero con muchas ganas de seguir luchando, pasaba cada día. Sin embargo, el 16 de marzo una noticia mundial empezó a cambiar la dinámica que estaba asumiendo y muchas cosas no volvieron a ser iguales. Recuerdo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitía comunicados sobre la existencia de un “riesgo de salud pública de interés internacional”, debido al brote de un virus desconocido que estaba afectando a la población de Wuhan, en Oriente. La enfermedad causada por el nuevo coronavirus fue bautizada como COVID-19 y pensé que este suceso sería controlado por la humanidad, que los síntomas no pasarían de un resfriado común y que eso estaba bastante lejos de llegar al lugar en el que me encontraba.

Pasaban los días y yo continuaba con mi proceso de adaptación al clima y al movimiento de la ciudad. Las noticias sobre el virus no eran buenas: cada vez avanzaba a pasos agigantados por el mundo, así como yo lo hacía en el mío.

En un determinado momento, la situación comenzó a ser preocupante. El 20 de marzo de 2020 se presentó un gran número de personas infectadas (118 000) y se registraron 4 291 muertes alrededor del planeta (114 países afectados). Ese día la OMS declaró que la COVID-19 era una pandemia. Los países empezaron a desplegar una buena cantidad de acciones políticas para salvaguardar la salud de su población; sin embargo, los índices epidemiológicos no paraban de crecer, las tasas de letalidad en China e Italia eran alarmantes y en Estados Unidos el aumento de casos registrados desbordaba la capacidad instalada de los hospitales. En Colombia, de acuerdo a información de noticias radiales y de periódicos, el brote empezó a finales de febrero y a principios de marzo. En el momento menos esperado, se confirmó el primer caso de COVID-19 en el país, el 6 de marzo de 2020, y correspondió a una mujer de 19 años que llegó a Bogotá procedente de Milán (Italia).

A partir de estas noticias, el gobierno nacional lanzó las primeras estrategias y decretó la cuarentena en toda Colombia, periodo que inició el martes 24 de marzo de 2020, a la media noche, y que se extendió hasta el miércoles 15 de julio del mismo año. El presidente Duque, además, afirmó que se buscarían nuevas medidas y que se estaría monitoreando con los epidemiólogos el avance del virus. Igualmente, se fueron dando pautas para salvaguardar la salud y la vida de los colombianos. Se declaró la emergencia sanitaria y se impusieron restricciones, como la cancelación de eventos públicos de más de 500 personas.

Poco después, el 26 de abril de 2020, la institución donde curso mis estudios académicos tomó una de las determinaciones más fuertes en toda su historia: la rectora informó sobre las decisiones adoptadas por el cuerpo administrativo y de docentes, iniciando así una nueva etapa en la que surgieron novedades y diferentes cambios en la manera de estudiar. Una semana más tarde, el 29 de abril, las cosas transcurrían en medio de circunstancias complicadas.

Toda esta situación de nuevo le daba un giro a mis propósitos. Sin dejar de inquietarme por las permanentes noticias que se escuchaban en todos los medios de comunicación, analizaba cómo las entidades del orden nacional y territorial se trazaban objetivos para frenar el pico de la epidemia. Su propósito era preservar nuestro sistema de salud y no saturarlo con pacientes gravemente enfermos. El problema es que las medidas que se venían implementando hasta el momento eran insuficientes, como en otros países. Me preguntaba qué iba a pasar, entonces, si cada día la situación de pandemia crecía más, si aún no se podía establecer el origen del virus y, mucho menos, si no se sabía cómo curar a los enfermos.

Por otra parte, mientras transcurría el tiempo, pensaba en cuándo podría regresar al pueblo para volver a ver a mi mamá. Cada día hacía fuerza para irme y poder estar junto a ella. De repente, el 20 de marzo, me llamaron y me dijeron que podía viajar. Ese fue uno de los días más felices para mí, puesto que volvería a estar con toda mi familia y sintiéndome más cómoda, sabiendo además que estaría acompañada de personas que me darían todo su apoyo y colaboración para poder estudiar virtualmente.

El 30 de abril de 2020 se produjo el aislamiento, el confinamiento en los hogares, lo cual era necesario, dada la dinámica intrínseca de la epidemia. En ese momento parecía haber más consciencia de la necesidad de autocuidarnos para ayudar a proteger a los demás. Nuevas dinámicas se tejían al interior de todas las instituciones y los hogares colombianos. Lo que valorábamos ayer, nuestras acciones diarias, nuestros pasatiempos y nuestro trabajo, empezaban a tornarse frágiles frente a la gravedad de la situación. La elección correcta en este futuro inmediato era, desafortunadamente, reducir las actividades sociales y guardar el máximo aislamiento entre las personas. Cuanto más progresara la epidemia, más difícil o imposible sería el control, y más nos veríamos obligados a dejar que las cosas avanzaran. Ya era el momento de actuar y de asumir nuevas formas de vida.

A medida que pasaban los días y meses veía como algunas compañeras no querían estudiar de forma virtual, porque sabían que tal vez no era lo mejor para todas. Por eso no le metían empeño y, por lo tanto, cada día se desanimaban. Recalco aquí que mis profesores nos animaban mucho a seguir adelante, a aprender cada día más, dándonos las mejores guías, videos, recursos, etc.

A pesar de todo, ha sido un tiempo en el que he podido compartir conocimientos con los profesores, de quienes he aprendido mucho a través de internet. Este tema de la virtualidad no es que sea muy agradable para mí, ya que mi objetivo es formarme y compartir lo que sé desde la presencialidad. Sin embargo, no me quejo, porque he puesto empeño para poder seguir aprendiendo cada día más.

Aunque no toda mi familia estaba completa, seguíamos mirando al frente para poder seguir adelante. No obstante, de un momento a otro empezaron a llegar familiares que extrañábamos mucho y por los cuales estábamos muy preocupados. Casi todos llegaron el 15 de julio de 2020, haciéndonos sentir de la mejor manera, puesto que sabíamos que estábamos juntos y siempre unidos.

Como de costumbre solíamos compartir en casa, incluso colaborándonos entre todos. La mayoría estábamos estudiando de forma virtual y teníamos que darnos apoyo mutuo, simplemente para que ninguno se desanimara y viéramos que la virtualidad no era tan mala como algunas personas la hacían ver. Pienso que este cambio tan duro que produjo la pandemia, hay que verlo desde un lado positivo.

Vivo en un pueblo del cual me siento orgullosa. Llevo viviendo casi los 15 años que tengo acá, acompañada de mi familia, que me ofrece bienestar para poder seguir con mis estudios y me motiva cada día. Para mí era muy difícil saber que personas vulnerables estaban pasando por necesidades y no podían salir a trabajar para conseguir su sustento económico. Debe ser muy duro y más si tienen una familia grande. La pandemia por la COVID-19 generó un cambio que nos afectó a todos, ya que estábamos acostumbrados a vivir la vida normal, como en otros años la hemos llevado, para luego saber que no nos volveríamos a encontrar, compartir y disfrutar.

Es muy difícil tener paz en esta situación, porque en Colombia hay muchas personas que son irresponsables y cuando trabajas, y estás tan expuesta, sabes que puedes llevar el virus a cualquier lado. Aun así, nunca das la espalda y pones todo tu ser para trabajar día sí y día también.

Muchas familias han decidido separarse, durante este estado de excepción, para evitar el contagio. Varios padres han tenido que abandonar su casa para que sus familiares no se infectaran. Muchas personas se han marchado de su hogar porque alguien allí está en condición de riesgo y corre un mayor peligro. Sin embargo, hago un llamado a la responsabilidad, pero no a la mía o a la del personal de salud, sino a la de toda la población.

Quiero contarles que he pasado momentos muy lindos con mi familia y que me siento muy feliz de haber compartido estos meses con ellos, uniéndonos cada vez más para salir adelante. Resalto que en mi familia todos estudiamos y este tema de la virtualidad no es que sea muy agradable para nosotros; no obstante, nos ayudamos entre todos para buscar un futuro lleno de valores y amor.

En esta pandemia he aprendido a valorar mis cosas y a mis familiares. Es triste ver como todavía la gente sigue siendo irresponsable, sabiendo que esta enfermedad está afectando al 98 % de la población y que cada día mueren personas por no tener elementos de bioseguridad y por no ponerse su tapabocas adecuadamente.

No digo que esta calamidad nos haya traído más polémicas, sino que hemos aprendido de la importancia de usar los elementos para el bien común y que como ciudadanos demos ejemplo para no ser la “burla” de los demás países, como ha venido ocurriendo, generando fuertes críticas hacia Colombia. Esto lo digo porque algunas de dichas críticas son: “Los colombianos son personas irresponsables” o “los colombianos cogen todo de recocha”. Puede ser que sea así, pero no analizan las malas palabras que tal vez nos ofenden como habitantes del país.

Debemos seguir luchando, pero todos juntos. También hago un llamado a la responsabilidad social para no volver atrás. Debemos ayudarnos y apoyarnos de forma mutua y solo así saldremos de esta definitivamente. Lo único que espero es que hayamos aprendido bastante de toda esta situación; que valoremos más lo que nos rodea; que aprendamos que la vida se pierde y no se recupera;  que los momentos con las personas que queremos son únicos y no se repiten; que una cerveza al sol, con tu mejor amiga, significa más que el viaje más caro del mundo; que un abrazo y un beso a la persona que quieres libera más felicidad que comprarte el iPhone más caro; que la libertad es esencial y que cuando nos la reducen o nos la quitan de repente, no damos pie con bola.

Por otra parte, me gustaría que recordáramos a todos los del personal de salud, a aquellos que han hecho todo lo que ha estado en sus manos y más. Pero no recordarlos solo por esto que ha pasado, para nada. ¡Recordarlos siempre! Y lo digo así porque ellos siempre han estado allí, no solo ahora; también han estado cuando alguien ha sufrido un infarto… ¡Ellos siempre van a estar pase lo que pase!

El futuro para salir de la pandemia por COVID-19 está en nuestras manos. Tenemos a nuestra disposición prevención y tratamiento sintomático de formas graves. ¡Por ahora, eso es todo lo que tenemos! La prevención actual se basa en esta nueva noción de distanciamiento social (cada uno a dos metros de distancia) y la higiene individual de las manos, porque, insisto, la contaminación puede producirse por exposición a gotitas emitidas por pacientes enfermos que estornudan o tosen. Parece que, en la gran mayoría de los casos, las manos contaminadas son el vector real, ya sea por contacto con un paciente infectado o con una superficie en la que se han depositado estas gotitas, donde el virus parece poder sobrevivir varias horas. Por lo tanto, renuncie a los abrazos, al apretón de manos, mantenga una higiene absoluta de ellas y evite ponerlas en su cara hasta que se las haya lavado o usado gel hidroalcohólico. ¡Debe tener mucho cuidado con esto y estar constantemente atento para protegerse y proteger a la comunidad!

SOURCE : PAGINA 100

BY: Karoll Daniela Rodríguez Tocoche

ILLUSTRATION : Karoll Daniela Rodríguez Tocoche

PAGINA 100 POPAYAN COLOMBIA

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