COMPRO, LUEGO EXISTO – Periódico Página100 – Noticias de popayán y el Cauca

COMPRO, LUEGO EXISTO

Marco Antonio Valencia Calle

Por Marco Antonio Valencia Calle

Twitter: @valenciacalle

-De regalo de navidad, quiero salud, mucha salud-, me dice mi madre con los ojos brillando en una esperanza que solo Dios puede apaciguar, y en una sabiduría que solo la vida y los años pueden dar.

Sin decirme, mi madre me ha pedido que ore por algo importante en la vida (la salud), algo que ella misma me enseñó: “orar no cuesta, pero es lo más grandioso que podemos hacer por el otro. La licencia para orar es gratis, y los beneficios de la oración no se pueden comprar con dinero”; y blablablá… todas esas cosas que le dice una mamá a su hijo y se le quedan a uno en la cabeza para toda la vida.

Pero no todo el mundo quiere de regalo navideño una oración por su salud, la gente hoy quiere su regalito en papel estampado, con factura y tarjetica como dios manda. Decirle a un muchacho que nació, se alimentó y educó en un centro comercial que este año solo se le darán oraciones por su salud… puede crearle un trauma, generarle problemas de comportamiento o inducirlo al suicidio (leer esto último en clave de ironía).

Para comenzar, a muchos en su casa no los educaron en la creencia de Dios, y si le enseñaron algo, no faltó el profesor marxista que le enseñara a dudar de su existencia. Y frente a la parafernalia navideña que nos muestra una tropa de Papás Noel con trineos cargados de regalos, no queda más que preguntar “¿y dónde está mi regalo, viejo?”.

Lo cierto, es que desde algunos unos años para acá, ya poco se habla en navidad del Niño Dios. Los gurús del marketing y el comercio le ganaron de mano a los sacerdotes de la iglesia católica, pero no solo les ganaron: se apropiaron de sus días festivos, cambiaron al Niño Jesús por Santa Claus, impusieron la costumbre de intercambiar regalos e indujeron la moda de darse comilonas cargadas de azúcares, harinas y licor en formas pantagruélicas.

Hay gente -entre los que me incluyo-, que no le cuadra mucho lo que está pasando, pero disimula, y para sintonizar con los nuevos tiempos le pone una vela a Dios y se gasta su dinero con los comerciantes. Es decir, asistimos a los remedos de novenas de la empresa o la familia y medio rezamos; luego, nos empachamos de centro comercial para gastar sueldo, ahorros, primas y endeudarnos de lo lindo. Vivimos una especie de catolicismo light y vergonzante que nos indujo la economía de mercado desde la televisión (sin darnos cuenta).

Se nos volvió moda gastarnos la plata comprándole detallitos a la familia, los compañeros de la oficina, al portero del edificio, al mendigo venezolano… como si gastar, comprar y regalar fuera una nueva Ley de Dios o algo así. Ya no hablamos de navidad sino de “vanidad”, donde nos dedicamos a gastar como como corderos: en silencio y resignados.

En navidad muchos de nosotros en vez de orar, leer y reflexionar sobre las enseñanzas de Dios nos dedicamos a tragar, viajar, comprar y aparentar, y en vez de iglesias visitamos páginas de internet para ver las promociones y comprar y comprar.

Sueño con escapar de éste circo, volver a los días en que regalar oraciones y compartir una cena sencilla con villancicos nos hacía feliz ¿podré? ¿podremos?

NOTA: Feliz navidad apreciados lectores. Madre mía, estoy haciendo la novena al Niño Dios orando por tu salud… (mientras busco un regalito en internet para ti).

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