Así son los lenguajes de la soberbia – Periódico Página100 – Noticias de popayán y el Cauca

Así son los lenguajes de la soberbia

La inteligencia hace un juicio deformado de sí en positivo, que arrastra a sentirse el centro de todo, un entusiasmo que es idolatría personal. Son personas que han destacado en algo

La soberbia es la pasión desenfrenada sobre sí mismo. Apetito desordenado de la propia excelencia. Es un amor de la propia persona que descansa sobre la hipertrofia de la propia excelencia. Es fuente y origen de muchos males de la conducta y es ante todo una actitud que consiste en adorarse a sí mismo. Sus notas más características son prepotencia, presunción, jactancia, vanagloria, estar por encima de todos los que le rodean. La inteligencia hace un juicio deformado de sí en positivo, que arrastra a sentirse el centro de todo, un entusiasmo que es idolatría personal.

Tipos de soberbia

Hay dos tipos de soberbia: una que es vivida como pasión, que comporta un afecto excesivo, vehemente, ardoroso, que llega a ser tan intenso que nubla la razón, pudiendo incluso anularla e impedir que los hechos personales se vean con una mínima objetividad. La otra es percibida como sentimiento; cursa de forma más suave y esa fuerza se acompasa y la cabeza aún es capaz de aplicar la pupila que capte la realidad de lo que uno es, aunque solo sea en momentos estelares.

Entre una y otra deambula la soberbia, transita, circula, se mueve y, según los momentos y circunstancias, hay más de la una que de la otra.

“La soberbia emerge en alguien que realmente tiene una cierta superioridad en algún plano destacado de la vida”

La soberbia emerge en alguien que realmente tiene una cierta superioridad en algún plano destacado de la vida. Se trata de un ser humano que ha sobresalido en alguna faceta y sobre una cierta base, el balance propio saca las cosas de quicio y pide y exige un reconocimiento público de sus logros. Para un psiquiatra, estamos ante lo que se llama una deformación de la percepción de la realidad de uno mismo por exceso.

Ante la soberbia dejamos de ver nuestros propios defectos, quedando estos diluidos en nuestra imagen de personas superiores que no son capaces de ver nada a su altura, todo les queda pequeño.

Las tres estirpes

Hay una gradación entre las tres estirpes, soberbia-orgullo-vanidad, que van de más a menos intensidad, tanto en la forma como en el contenido. Entre la soberbia y el orgullo hay matices diferenciales, aunque el ritornelo que se repite como denominador común puede quedar resumido así: apetito desordenado de la propia valía y superioridad. Es una tendencia a demostrar la superioridad, la categoría y la preeminencia que uno cree que tiene frente a los de su entorno. En general, estos dos conceptos se manejan como términos sinónimos, aunque se pueden espigar algunas diferencias interesantes.

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Foto: iStock.


La soberbia es más intelectual. Se da en alguien que objetivamente tiene una cierta superioridad, que realmente sobresale en alguna faceta de su vida. Hay una cierta base. Facetas concretas de su andadura tienen un relieve que las realza sobre los demás.

Hay una evidencia por la que puede ser tentado por la soberbia, no necesitando del halago de los otros y haciendo él mismo su propio y permanente elogio de forma clara y difusa, rotunda y desdibujada, a tiempo y a destiempo, con ocasión y sin ella. Sus manifestaciones son más internas y privadas, aunque pueden ser observadas por una atmósfera grandiosa que él crea sobre su persona, y además, a través de sus máscaras: hay arrogancia, altanería, tonos despectivos hacia los demás, que se mezclan con desprecio, desconsideración, frialdad en el trato, distancia gélida, impertinencia e, incluso, tendencia a humillar.

Otras veces, esas máscaras son de una insolencia cínica, mordaz, con un retintín de magnificencia que provoca en el interlocutor un rechazo frontal. En los casos algo más leves, baja la hoguera del engreimiento y entonces la relación personal se hace más soportable.

El orgullo

El orgullo es más emocional. Puede ser lícito y hasta respetable. Puede ponerse de manifiesto en circunstancias positivas, en donde el lenguaje coloquial se mezcla con hechos e intenciones: el orgullo de ser un buen cirujano, un buen padre, un excelente poeta, de una región concreta, de un país… Todo eso está dentro de unos límites normales. Puede encuadrarse dentro del reconocimiento a una labor bien hecha.

Vanidad

La palabra vanidad procede del latín ‘vanitas -tatis’, que significa falso de sustancia, hueco, sin solidez. Se dice también de algunos frutos cuyo interior está vacío, en donde solo hay apariencia. Mientras la soberbia es concéntrica, la vanidad es excéntrica. La primera tiene su centro de gravedad dentro, en los territorios más profundos de la arqueología íntima. La segunda es más periférica, se instala en los aledaños de la ciudadela exterior. La soberbia es subterránea, la vanidad está en el pleamar del comportamiento.

En la soberbia, uno tiene una enfermedad en el modo de estimarse uno a sí mismo, en una pasión que tiene sus raíces en los sótanos de la personalidad, en donde brota el error por exceso de autonivel. En la vanidad, la estimación exagerada procede de fuera y se acrecienta del elogio, la adulación, el halago, la coba más o menos afectada y obsequiosa que lleva a dilatar alguna faceta externa y que de verdad tiene un fondo falso, porque no contempla más que un segmento de la conducta.

En la soberbia y en la vanidad hay una sublevación del amor propio, que pide un reconocimiento general. La primera es más grave, porque se suele añadir la dificultad para descubrir los defectos personales en su justa medida y apreciar las cosas positivas que hay en los demás, al permanecer encerrado en su geografía ampulosa; la vanidad es más leve.

“Todo el edificio de la persona equilibrada se basa en una mezcla de humildad y autoestima”


Se pueden distinguir dos modalidades clínicas de la soberbia, entre las cuales cabe un espectro intermedio de formas soberbias. Una es la soberbia manifiesta, que es notarial y que se la registra a borbotones, con una claridad absoluta, lo cual suele ser poco frecuente. La otra es la soberbia enmascarada que es la más habitual y que se camufla solo a veces por los entresijos de la forma de ser y que es más propia de las personas inteligentes y teniendo un sentido amplio y desparramado que asoma, se esconde, salta, bulle y revolotea por su geografía personal.

Lo contrario de la soberbia es la humildad. Todo el edificio de la persona equilibrada se basa en una mezcla de humildad y autoestima. Entre la soberbia, el orgullo y la vanidad hay grados, matices, vertientes y cruzamientos recíprocos. Solo el amor puede cambiar el corazón de una persona.

SOURCE : blogs.alimente.elconfidencial.com

BY: Dr. Enrique Rojas

ILLUSTRATION : Foto: iStock.

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