ALGO SE HA PERDIDO – Periódico Página100 – Noticias de popayán y el Cauca

ALGO SE HA PERDIDO

POR JAIR DORADO / OPINIÓN

Hay cierta fragilidad en todo lo que se guarda en un computador y llegar a perder información puede ocasionar un gran disgusto, un mal día, un terrible estrés y hasta un empleo.

Y esto puede ocurrir por cualquier capricho tecnológico, por una simple equivocación al oprimir ‘si’ en lugar de ‘no’, porque hay un apagón. Después reconectas el aparato y encuentras las carpetas limpias, limpitas y empiezan los sudores fríos. Como dudas de que la desgracia sea real, reinicias el equipo. Tomas un sorbo de café, mientras el compu vuelve a la página de inicio…y buscas en ‘documentos’ y…… efectivamente: lo que antes estaba, ahora ‘tampoco’ está.

Después de perder información puedes recurrir a las herramientas que te dan los mismos programas para recuperar archivos. Y seguramente no logres nada. Luego vienen las opiniones de los especialistas que prueban por todo lado sin grandes avances.

Un ingeniero dice que deben llevarle el disco duro, habrá que ponerlo en cuarentena, encendido día noche y que a través de un software especializado es posible que algo se recupere, o que no. El trabajito que no te asegura nada no es barato, así que debes decidir si echarle la bendición para siempre a tus trabajos de todo el año o lanzarte a la aventura.

Miras al cielo y te preguntas porque a ti, porque compañía de electricidad permite que se vaya la luz solo en el centro de Popayán.

Lo que se perdió se perdió y se van a esa tumba informática misteriosa donde quedan sepultados para siempre todos los documentos de miles de incautos. La bendición, adiós.

Aunque haya vida después de esa pérdida y tomes la precaución de cargar tus cosas en una memoria o subas a las nubes, siempre queda esa desazón cuando enciendes el computador cada mañana y contemplas ese vacío donde alguna vez hubo algo.

Entonces miras hacia afuera por la ventana, intentas fijarse en algo particular, en un detalle. Pero tampoco allá afuera hay nada. Das otro sorbo al café que ya está frío. Te levantas de la silla y  enfrentas el espejo. Algo se ha perdido atrás de los manchones, el contorno de tus brazos se desdibuja en medio de las grietas del cristal.

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